La Biodiversidad en el mundo que vivimos

Biodiversidad es la variedad de especies animales y vegetales que viven y se desarrollan en su medio ambiente. Una reflexión sobre la necesidad de mantenerla, para así proteger nuestro futuro.

Imagina que estás sentado en la Luna, en una silla cómoda con un mojito, si no te gusta la hierbabuena, piensa en cualquier bebida refrescante que te guste. Estás observando la Tierra, es una imagen increíble, un espectáculo ver sus intensos colores, azul, verde y marrón… Una maravilla así mismo ver el blanco de las nubes.

Ahora imagina que una vez acabada tu bebida y vista la panorámica, decides levantarte e ir al interior de tu casa, es decir, a la habitación contigua del “bunker” en el que vives. Te das cuenta de lo inhóspito de ese lugar, no hay nada vivo allí, ni siquiera atmósfera. Añoras los días que pasabas en la Tierra, donde de forma natural disponías de todas las comodidades para poder sobrevivir sin necesidad de artificios técnicos, como ahora sí, te sucede en la Luna.

Bien, ¿que hace a la Tierra un sitio tan especial?, para empezar, su atmósfera. Sin ella, al igual que la Luna, sería incapaz de acoger la vida que ahí se desarrolla. Por otra parte, la Tierra es un sitio tan especial por toda su biodiversidad…

Situando el contexto

Pues de eso quiero hablar en este breve artículo, de la biodiversidad, de porqué es importante para nosotros, y de porqué creo que es necesario que velemos por su mantenimiento y por su equilibro dentro de cada ecosistema, así como del equilibrio entre los distintos ecosistemas.

Cuento una breve anécdota, hace un par de años fui a pasar un puente en otoño con mi familia a una zona rural en Guadalajara, concretamente al parque natural del Barranco del Río Dulce. Durante el camino desde Madrid, una vez ya en carreteras secundarias se aplastó un insecto contra el parabrisas, creo recordar que fue el único, y recuerdo también que hacía ya bastantes años, en mi etapa infantil, en los viajes con mi padre por zonas rurales, eran multitud los insectos que en cada trayecto se nos aplastaban en el parabrisas.

En ese trayecto hice con mi familia una reflexión, sobre cómo actualmente estaba decreciendo el nivel de biodiversidad de nuestros campos. Una vez allí, eso mismo comentamos con la encargada del centro de interpretación del parque, y hablamos no solamente de la disminución de los insectos, sino también la disminución que ellos mismos habían contrastado con sus datos, de las aves rapaces en el propio parque.

Una pregunta nos aborda ahora, ¿qué importa eso? ¿no es mejor librarnos de los molestos bichos? ¿acaso tiene eso alguna implicación?

No creo que sea solo una opinión mía si digo que, ¡claro que la tiene! Los insectos son los principales polinizadores de las plantas, así como el principal alimento de multitud de aves, que entre todas las especies conforman un equilibrado y “engrasado” ecosistema que nos da aire puro, nos protege, nos da calor o fresquito según necesitemos, nos da comida, incluso nos da riqueza. En definitiva, nos da la vida.

Nuestra casa tiene entropía negativa

Es decir, sirvan de ejemplo los insectos, como uno de los múltiples y necesarios engranajes que hacen de nuestra casa un hogar habitable y confortable. Cierto, pero el mensaje que quisiera transmitir no es ¡salvemos los bichos!

Lo que pretendo es poner el foco en la fragilidad de nuestro entorno. ¡Nuestra casa!

A lo largo de los artículos que voy escribiendo tanto en mi propio blog “GestiónComplejidad”, como en el proyecto Relathia, he ido hablando de la segunda ley de la termodinámica, con su insistente y persistente tendencia al desorden en el universo en general. Si esta ley tuviera una mentalidad maligna estaría disfrutando, viendo cómo poco a poco en el devenir del tiempo y a la larga, tiende a acabar con todo atisbo de organización y por ende de vida en cualquier parte del universo.

Volvemos a sacar a la luz este concepto, ¿por qué? Porque es una ley inexorable, tiene que ver con la degradación de la energía, y la cada vez menor capacidad para realizar trabajo de dicha energía. Dicho de otra manera, implica el constante aumento de la entropía, en definitiva, del constante aumento del desorden.

¿Qué hacen los astrofísicos para buscar mundos exteriores que contengan vida? Buscan puntos donde el signo de la entropía sea negativo. Es decir, puntos donde localmente se contradiga esta ley general.

Con esto lo que pretendo decir es que esta inexorable ley, al menos de forma parcial y “momentáneamente” (Entiéndase momentáneo en el contexto de los periodos astronómicos), está siendo vencida, ¡no todo tiende al desorden! Hay puntos y mundos en el universo que se organizan, crean vida, e incluso sociedades inteligentes, como por ejemplo la nuestra.

Son anomalías, pero al menos tenemos constancia de una, la Tierra. Nuestro planeta es un claro ejemplo de que al menos, durante millones y millones de años, el desorden está siendo vencido, cosa que no ocurre por ejemplo en la Luna o en cualquier otro planeta del sistema solar.

Pues bien, y esto ¿por qué es así? Porque nuestro planeta es tan rico en procesos que hacen que la biodiversidad sea una consecuencia y a la vez una causante de esta disminución de entropía.

En realidad, somos una consecuencia de la fortuna, no es habitual tener un mundo como el nuestro, y somos afortunados porque la biodiversidad de la que formamos parte, nos protege contra esta ley inexorable que es la tendencia al desorden y finalmente a la nada.  

De nuevo la complejidad

Sí, de nuevo la complejidad, porque la vida en la tierra conforma un sistema complejo. Un sistema de ecosistemas, que a su vez está imbricado con la atmósfera y la corteza terrestre.

La biodiversidad funciona en un equilibrio dinámico, es decir, que este equilibrio es capaz de absorber impactos y variaciones dentro de unos límites. No obstante, si el empuje a los puntos de equilibrio se hace muy fuerte, el sistema reacciona con un cambio en su modo de funcionamiento y cambia a otro punto de equilibrio, solo que es muy probable que sea un punto de equilibrio totalmente diferente al anterior.

La pregunta es, ¿cómo serían las cosas en ese nuevo modo de funcionamiento del sistema? Podríamos analizar casos anteriores que hayan sucedido, por ejemplo, la desaparición de los Rapa Nui en la isla de Pascua.

Hay varios estudios y teorías, en las que se argumenta que al ser una isla muy distante de cualquier punto y aislada en el océano, la población al consumir todos sus recursos forestales, provocó un cambio radical en el ecosistema de la isla que hizo colapsar la supervivencia de sus pobladores.

Sin llegar a extremos de colapso, un cambio profundo en el punto de equilibrio de un sistema, puede alterar las condiciones de funcionamiento, de tal manera que provoque grandes cambios socioeconómicos en la zona de ese sistema.

En los sistemas complejos todos los elementos influyen en mayor o menor medida. La desaparición de un elemento altamente conectado con el resto de elementos, generará una afección a todos los elementos con los que estaba conectados.

Como ejemplo, podríamos hablar de las consecuencias de la posible desaparición de las abejas. Estos insectos son grandes polinizadores de multitud de especies de plantas, si desparecieran de una zona, es muy probable que con ellas lo hicieran parte de las plantas que polinizan, y en consecuencia se alterarían aspectos cruciales de ese entorno o sistema.

No quememos nuestros cartuchos

Mi interés por reflexionar sobres estas cuestiones en el presente artículo, no es por ser negativo ni mucho menos. En realidad, es un interés positivo, que es el de poner en valor aquello que tenemos, para así respetarlo y cuidarlo. Sinceramente, cuando planteo el hecho de cuidar la existencia de las abejas, por ejemplo, y los insectos en general, lo hago por puro egoísmo. No tengo ningún sentimiento filantrópico hacia estos seres, pero son elementos altamente conectados en nuestro hábitat, y no solo útiles, sino necesarios.

Aunque el ejemplo que he puesto son los insectos, en realidad estos argumentos son extensibles a toda la variedad y diversidad de vida de la que disfrutamos o padecemos en cada ecosistema. Todo funciona, como dije anteriormente, en un equilibrio dinámico que, aunque adaptable, tiene unos límites que no conviene sobrepasar, si no queremos sufrir cambios irreversibles de desconocido alcance.

No olvidemos que esa tendencia universal hacia el “desorden” nos está acechando. A veces parece que el ser humano se empeña en acelerar esos cambios irreversibles.

Por otra parte, existen signos de esperanza, como es el cada vez mayor conocimiento que desde la humanidad en su conjunto, se tiene de estos riesgos, y las acciones que cada vez más están encaminadas a atajar esa pérdida de biodiversidad. 

Percepción humana sobre la pérdida de biodiversidad

¿Cuál es la percepción que tanto desde la sociedad, así como de los individuos se tiene de estas cuestiones?

Desde los individuos, en mi opinión hay de todo. Yo clasificaría en tres grupos:

  • El sector de las personas que tienen conciencia de estos riesgos y trabajan activamente para difundirlos y atajarlos.
  • Los negacionistas, aquellos que viven de forma consciente ajenos a estos riesgos, y cuestionan activamente aquellas acciones encaminadas a reducirlos. 
  • La gran mayoría, como yo lo llamo. La gente que en general vive su día a día con los recursos que tiene a su disposición, según la época y el entorno que le ha tocado vivir, y no se plantea más allá de sus horizontes diarios.

Llegados a este punto me gustaría hablar sobre “el síndrome de la rana hervida”. Según Wikipedia, es una “analogía que se usa para describir el fenómeno ocurrido cuando ante un problema que es progresivamente tan lento que sus daños puedan percibirse como a largo plazo o no percibirse, la falta de conciencia genera que no haya reacciones o que estas sean tan tardías como para evitar o revertir los daños que ya están hechos.

​La premisa es que, si una rana se pone repentinamente en agua hirviendo, saltará, pero si la rana se pone en agua tibia que luego se lleva a ebullición lentamente, no percibirá el peligro y se cocerá hasta la muerte”.

Adjunto un enlace de libro que puede servir para ilustrar este tema: La rana que no sabía que estaba hervida…

Concluyo y acabo

¿Qué planteamos desde Relathia y este artículo? Que la solución pasa por concienciar a esa gran mayoría que está inmersa en su síndrome de la rana hervida.

Que es importante entender la complejidad del mundo que nos rodea para comprender que los efectos a nuestras acciones no son intuitivos.

También que nuestro modelo de vida basado en el crecimiento y la mejora, no está reñido con el uso eficiente y sostenible de nuestros recursos. Que el cuidado de nuestro entorno es, una vía de desarrollo y generador de valor económico, así como de oportunidades.

Hagamos de la necesidad una virtud, que la mitigación de riesgos, no sea un gasto, sino una oportunidad de crecimiento e innovación. ¡Nos va el futuro en ello!

Reflexionando sobre la Biodiversidad y la necesidad que tenemos de mantenerla os dejo. Os espero próximamente!

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Sobre LopdelPablo 38 artículos
Mi nombre es Pablo López, soy consultor e ingeniero aeronáutico, mi vida profesional está dedicada al estudio, análisis y síntesis del complejo sistema de gestión de tráfico aéreo. En la actualidad ejerzo como inspector de aviación civil, así como formador y experto técnico evaluador de proyectos de I+D+i. Paralelamente, dedico mi tiempo a la conexión del cuerpo conceptual relativo a la visión sistémica y los sistemas complejos, con la gestión de la complejidad y su aplicación a las necesidades actuales en los diferentes ámbitos socio-técnicos.

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